ASDUA

ASDUA

MANUAL DE LUCHA CONTRA LA DROGA



FICHA TÉCNICA DEL LIBRO:
Colección: Especial (Aranzadi)
Editorial: Aranzadi
Autor/es: A. Nicolás Marchal Escalona
Edición: (Noviembre de 2011) Páginas: 1.110
Encuadernación: Tapa Dura
ISBN: 978-84-9903-003-6
Descripción

“(…) Mi situación personal se fue deteriorando y me encontraba cada vez peor. Necesitaba una raya nada más levantarme ya que si no la esnifaba me dolían los riñones, no paraba de bostezar, temblaba…; la tomaba y asunto solucionado…, hasta el desayuno. Tenía que “meterme” otra para poder desayunar, otra para salir de casa, otra a media mañana, otra antes de comer, después de comer, etc., etc., etc. Al principio la coca me quitaba las ganas de comer, más tarde era precisamente la raya la que me permitía alimentarme. Ya no era vida. Ya no podía disimularlo por más tiempo, así que me marché del pueblo a otro muy lejano: poner distancia. No me costó mucho “adaptarme” al nuevo escenario (…). Si algo quiero rescatar de mi historia es el daño tan terrible que causé a mis padres. Al comienzo, cuando sospecharon que estaba enganchado, trataban de ayudarme, hablaban -o intentaban hablar- conmigo. Se esforzaron por llegar a ese inaccesible hijo hasta lo indecible. Perdieron la sonrisa, las ganas de vivir. Ya no iban de vacaciones, no salían, sufrían y sufrían una situación que les hacía desangrarse lentamente, que mataba sus ilusiones… Un recuerdo inolvidable es la tristeza permanente instalada en sus avejentados rostros antes de tiempo. Mis padres aparentaban 10 ó 15 años más de los que realmente tenían. No dormían esperando mi regreso, no vivían…, y todo, gracias a mí… (…)
Un día robé un coche y fui a recoger a Lidia a la salida del trabajo. Todo bien. Llevaba un coche potente y mi novia, droga y dinero. Tuve un accidente… Lidia murió. Yo quedé en coma durante cerca de mes y medio. Desperté, no recordaba nada. ¿Dónde está Lidia? -preguntaba. Nada me decían, hasta que, una vez recuperado, me lo contaron. Parece ser que iba a mucha velocidad y perdí el control del coche. Iba drogado. Me detuvieron… (…)
Se nos mira como a basura, delincuentes, escoria…; pero, si nos paramos a pensar, todos recordamos a algún familiar o amigo que transitó ese camino. Era buena gente. Yo lo conocí. Era un chaval como yo, con sus locuras y sus certezas, su inseguridad y su ingenuidad… Ahora ya no está. Cuando se enganchó a la droga era otra cosa. Comenzó su carrera de delitos y prisión, hasta que, lamentablemente, murió en…, murió por…
No sé si se podrá calificar o no como enfermedad mental, lo que tengo de cierto -al menos para mí-, es que un drogodependiente está más cerca de la enfermedad mental que del delito, no sé si equidistante, pero lo cierto es que no es dueño de sí. Que algo más fuerte que él mismo le arrastra a delinquir, a hacer daño, a destruirse y es precisamente eso lo que nos debe de quedar en la retina cada vez que les observemos y nos atrevamos a juzgarles (…)”.
Esta es parte de una historia, de muchas historias. La droga está ahí, en la calle, al alcance de quien quiera buscarla. Destruye vidas, aniquila familias, ilusiones, esperanzas. Está en nuestras manos -en las de todos-, ayudar aportando nuestro granito de arena en esta contienda.

PERSONAS CON MUCHO MÉRITO

El sábado 19 de Noviembre, por primera vez en Galicia y escogiendo como marco Santiago de Compostela, la Asociación de Suboficiales Duque de Ahumada y Amigos de la Guardia Civil impuso sus condecoraciones.



Se empezó a las 12,00 horas participando en la Santa Misa en la Catedral Compostelana, realizando el Presidente de ASDUA la Invocación al Apóstol, respondiendo el Dean con unas maravillosas palabras de elogio hacia la Guardia Civil.



Invocación al Apóstol.






Seguidamente en el Hostal de Los Reyes Católicos se desarrolló la Ceremonia de Imposición de Condecoraciones, siendo Condecorados:


- Excmo. Sr. D. Miguel Pampín, Gran Mestre de la Orden del Camino de Santiago.


- Excmo. Sr.D. Armando Blanco, Empresario.


- Ilmo. Sr. D. José Hoya, Magistrado de lo Penal de Cantabria.


- Ilmo. Sr. D. Jesús Vélez, Vicepresidente del Consejo Economico y Social de Cantabria.


- Ilmo. Sr. D. José Carlos Martinez, Economista, Auditor de Cuentas.


- Ilmo. Sr. D. Ángel Ruiz-Risueño, Economista, Asesor Fiscal.


Excmo. Sr. D. Victor Vazquez Portomeñe, Ex Senador Y Ex Conselleiro de Cultura.


Ilmo. Sr. D. Javier Miguez, Magistrado.


Ilmo. Sr. D. José Antonio Vazquéz, Magistrado.


- Ilmo Sr. D. Juan Carlos Carballal, Magistrado.


Sr. D. Antonio Mosteiro, Empresario.


Sr. D. Antonio Atanes, Guardia Civil retirado.




Los condecorados con el Presidente de Asdua

GRUPO ANTITERRORISTA RURAL


GAR

La Unidad de Acción Rápida de la Guardia Civil nació con espíritu «guerrillero» para combatir una posible insurrección armada en el País Vasco

























Corría el año 1978 y España atravesaba uno de los periodos más convulsos y delicados de su historia. Franco había muerto tres años atrás y la democracia daba sus primeros pasos en medio de un clima de gran incertidumbre. Y ETA, consciente de tal inestabilidad, estaba dispuesta a explotarla hasta donde le fuese posible echando mano de todos los medios que tuviese a su alcance. Los máximos dirigentes de la banda en aquel momento habían dado órdenes nada más caer el régimen franquista de pasar al conocido como «nivel cuatro» de subversión. Los etarras se harían fuertes en un pueblo, declararían su independencia y, a partir de ahí, intentarían liderar un levantamiento guerrillero generalizado en el País Vasco y Navarra.

Las noticias inquietaban, y mucho, a la Guardia Civil. Su entonces director, Antonio Ibáñez Freire, se reunió con algunos de sus mandos para analizar la situación y cortarla de raíz. «En aquel momento, había un temor real a que ETA iniciase una guerra de guerrillas en el territorio rural y no estábamos preparados para contrarrestarla. Por eso el director dio orden de crear una unidad especializada en este tipo de combate. Se trataba de crear una unidad a imagen y semejanza del COE (Cuerpo de Operaciones Especiales del Ejército)».

Había nacido el embrión de la llamada en un primer momento Unidad Antiterrorista Rural (UAR) de la Guardia Civil. «Al principio se iba a llamar SOE (Sección de Operaciones Especiales). Pero en aquel momento ese nombre no sonaba demasiado bien».




























Decididos, pero no imprudentes.

El punto de partida del grupo fue una unidad que había entonces en Logroño y que actuaba en el medio rural. «Hicimos –prosigue el mando del Instituto Armado– una prueba de selección y de allí sacamos a los primeros 40 miembros. Queríamos hombres que trabajasen en equipo y con iniciativa. Que fuesen decididos pero no imprudentes».

En enero de 1979, los elegidos fueron trasladados a Jaca. Allí estaba la Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales del Ejército, en la que se formaban en técnicas guerrilleras los soldados y donde lo harían los hombres de la UAR. Y allí fue donde se decidió que vestirían una boina negra para distinguirlos de los militares, que llevaban un uniforme similar al suyo.

En el verano de aquel año, Ibáñez Freire, el padre de la criatura, ya era ministro de Gobernación, el equivalente al actual de Interior. Los agentes del UAR se entrenaban en Galicia en técnicas de submarinismo cuando fueron llamados. No había ninguna misión por delante. Habían sido requeridos tan sólo para ofrecer una exhibición en Anguta (La Rioja). Una demostración que, a la postre, resultó decisiva para el futuro de la unidad. El ministro quedó encantado con los progresos de la UAR y decidió que la unidad pasase de 50 a 500 hombres, divididos en tres compañías –que operarían en Vizcaya, Guipúzcoa y Navarra, aunque tendrían su base logística en La Rioja–, de manera que la unidad se transformó en grupo: el Grupo Antiterrorista Rural (GAR, ahora conocidos como Grupo de Acción Rápida).

























El brutal atentado de Ispaster.

Peñarroya, en Ciudad Real, fue el siguiente destino del grupo. Allí se concentró y entrenó el medio millar de hombres que ya entonces lo componían en octubre de 1979. Aunque no tuvieron ocasión de permanecer durante mucho tiempo allí. El 1 de febrero de 1980, un «comando» de ETA ametralla un convoy de la Guardia Civil que escoltaba un furgón con armamento pesado en la localidad de Ispaster (Vizcaya). En el atentado fallecen seis agentes del Instituto Armado.













«En ese momento, y sin haber concluido el periodo de formación, las autoridades deciden que el GAR debe empezar a actuar». Sus 500 miembros son enviados «al Norte», como se conoce en el argot policial al País Vasco.

A partir de entonces, el Grupo Antiterrorista Rural ha combatido sin descanso a una de las organizaciones terroristas más longevas y sanguinarias que se conozcan realizando todo tipo de misiones: detenciones, escoltas de explosivos, patrullas en la frontera, apostaderos –vigilancias– en los lugares más inverosímiles durante interminables jornadas de trabajo...

Operaciones de alto riesgo

La Unidad de Acción Rápida (UAR), cuya bandera amadrinó Su Alteza Real la Princesa de Asturias en el XXV Aniversario de su fundación, se articula en dos órganos: el Grupo de Acción Rápida (GAR) y el Centro de Adiestramientos Especiales (CAE). Los miembros del grupo son los que ejecutan las operaciones contra los terroristas (detenciones, vigilancias...) y los que, por tanto, reciben el entrenamiento en el CAE. Ambos órganos tienen su base en Logroño, a la que regresan todos los miembros de los GAR periódicamente y tras prestar servicio en el País Vasco y Navarra en misiones.

Las actuaciones del GAR están siempre subordinadas a lo que dispongan las comandancias correspondientes. El grupo no actúa con autonomía, sino que apoya a las unidades territoriales en aquellas misiones específicas que le son asignadas. Así, toda la información que recopilan la transmiten a las comandancias para que éstas decidan qué hacer.

En este momento, la UAR tiene unos 500 hombres que deben pasar unas pruebas muy exigentes. Debido al desgaste que ocasiona un destino tan duro como éste, los miembros del UAR causan baja en la unidad a los 40 años de edad y los suboficiales a los 45, aunque excepcionalmente pueden permanecer cumplida esta edad a propuesta del mando de la unidad.

Desde su creación, cinco miembros de los GAR han perdido la vida en enfrentamientos con terroristas de ETA y otros 27 más han resultado heridos.

El GAR ha realizado numerosas detenciones de terroristas, ha participado en la seguridad de la visita del Papa al Santuario de Loyola (Guipúzcoa). En las inundaciones del año 83 tuvo una actuación destacada. En las nevadas cuando las poblaciones vascas se quedaban aisladas les llevaban alimentos y gas.

Participaron en el dispositivo de seguridad de la boda del Príncipe de Asturias.